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martes, 8 de abril de 2008

La máquina de bailar

La verdad es que no comparto la actitud negativa y acomplejada de muchos (o algunos) consumidores de cine que reniegan del cine español afirmando que aquí no se hacen buenas películas. En mi humilde y humana opinión se producen y ruedan en este país títulos francamente interesantes, lo que tiene mucho mérito teniendo en cuenta como está el panorama de subvenciones y la fría acogida del público por los títulos patrios. En todo caso, no, este post no pretende hablar del buen cine español, eso sería impensable en este blog. No amiguitos, este post es para hablar de La Máquina de Bailar.


Fiebre del viernes a media tarde


La historia viene a ser la que sigue: Un guardia de seguridad bastante zumbado deja al cuidado de Dani, un joven dependiente de supermercado, a su boa albina (lo típico). Naturalmente, el bicho acaba difunto y reemplazarlo se convierte en una prioridad para Dani y sus colegotes. Por desgracia, las boas albinas no se encuentran a precios razonables en las tiendas de animales (desde la entrada del euro, me imagino) y el pastizal que es necesario para comprar un bicho de reemplazo antes de que el segurata regrese de sus vacaciones o sus colegas hiperviolentos sospechen que la serpiente ha estirado al pata (bueno, la pata no) tampoco crece en los árboles. Por suerte (no para los atónitos espectadores), una solución se perfila en el horizonte, ya que Dani es un virtuoso de la máquina de bailar y si consigue reunir un equipo de aguerridos bailarines podrá participar en un concurso cuya cuantía, eurillo arriba o abajo, equivale por una de esas casualidades de la vida al precio del reptil de reemplazo.


Con esta premisa se nos presenta una fusión (no por manida menos repetida) entre la historia del equipo de perdedores que va compitiendo y compitiendo hasta desafiar a los más grandes y la del joven que, guíado por su maestro se enfrenta al duro y terrible campeón enemigo final de pantalla. Pero claro, esto no es el Castañazo ni La Sangre de los Héroes, ni Karate Kid ni, mucho menos, Rocky. Ni tan siquiera es Cuestión de pelotas (la de Vince Vaughn y Ben Stiller, tronchante por otra parte) por lo que la fórmula tradicional desluce bastante. Vamos, que partiendo de la nada alcanzan las más altas cotas de miseria, que diría Groucho.

Quizás el "gran" mérito (guiño guiño) de esta película sea demostrar que en España también podemos hacer cintas sobre competiciones absurdas que nada tienen que envidiar a las de los yanquis, como los pulsos de Yo, el halcón, todo un subgénero en el que cualquier día te puedes encontrar con la sorpresa de que la petanca mueve masas enfebrecidas deseando ver a los yayos compitiendo a muerte, y si no tiempo al tiempo. Aunque claro, viendo la realidad con sus torneos mundiales del juego de cartitas Magic, sus competeciones de lanzamiento de enanos y otras lindezas, la suspensión de la incredulidad esta casi garantizada.

Pero a lo que vamos, la peli tiene todas las convenciones del género: una terrible adversidad por la que los protagonistas necesitan ganar el concurso, un héroe que no cree en sí mismo, la chica que todo el mundo quiere pencarse, el mejor amigo del héroe con traición y rendención incluida, el maestro retirado tullido, Josemi de Aquí no hay quien viva y un homosexual pedófilo. Vale, no todas son convenciones del género.

En todo caso, La Máquina de Bailar es un desfile inagotable de chistes malos e interpretaciones pésimas, especialmente las de los odiosos chicos protagonistas. Sin llegar al mal gusto de otras producciones con las que se la podría comparar (como la delirante El Asombroso Mundo de Borjamari y Pocholo, que alcanza sin embargo un nivel de humor cafre casi digno de elogio) y sin incitar tampoco al absoluto e irremediable sopor, sus 109 minutos de duración resultarán mucho mejor aprovechados, por ejemplo, depilándonos los párpados (pestaña a pestaña, claro, que sí no va a sobrar taco de tiempo).

Ni tan siquiera Santiago Segura pone a flote la peli con su papel de maestro Miyagi travoltizado. Aunque bien mirado, ¿por qué iba a hacerlo? No es que Segura sea una garantía "segura" (tiruriru) de nada. Ha llovido ya bastante (calientamiento global aparte) desde que nos partimos el pecho y nos cagamos de miedo de forma simultanea y alternativa con esa obra maestra que es El día de la Bestia o desde esa inclasificable sorpresa que fue Torrente (sin contar las secuelas que dejan sus secuelas). Desde entonces Segura solo le parece gracioso a este humilde servidor cuando le entrevistan en la tele y en algún momento inspirado (esto es polémico, lo confieso) como en el Asombroso Mundo de Borjamari y Pocholo. Pero es que con los pijos me descojono.


Algo más acertado encuentro a Corbacho (aunque hubiera acertado más no haciendo la película), repugnante archivillano representante de la corrupción, el dinero, el poder y todas las cosas malas de la vida (que son las mejores). No os procupéis niños, se lleva un expeditivo escarmiento y al final triunfa el bien: el héroe gana y se lleva a la chica, los amigos se reconcilian, las historias del maestro resultan ciertas, el pedófilo conquista al niño, el agua es azul y el cielo moja (mierda, así no era).

En fin, que si una pinícula sobre una competición en la máquina de bailar ya os parecía una gilipollez considerable que solo podría interesar a otakus muy flipados de toda la parafernalia japo y demás, pues añadidle que esté hecha sin gracia alguna y ya tenéis vosotros mismos el veridicto.


Este, por fortuna, no sale en la película. Bailarrrrrr

La innecesaria pero imprescindible fichita:

Año de perpetración: 2006
Dirige: Óscar Aibar (Platillos volantes, ni puta idea, lo confieso).
Protagonizan: Jordi Vilches (El robo más grande jamás contado, que tiene su gracejo, Guerreros), Santiago Segura (ya le conocemos todos), Bárbara Muñoz (Besos de gato, miau miau).
Lo mejor: algunos chistes zafios bastante potables, vista en relajada compañía y sin pretensiones puede tener momentos esporádicos tronchantes. No provoca cáncer, que se sepa y no sale King África.
Lo puto peor: los niños bailando y la "trepidante" competición. Ver todos los tópicos de las pelis de este subgénero con una gruesa capa de caspa.
Calificación: Castaña pilonga

jueves, 3 de abril de 2008

Drácula 3000

"En el espacio no hay luz del día"

Hace un tiempo, conocedor de mi fascinación por ese gran actor que es Casper Van Dien, un amigo me dijo: "Tío, el otro día me acordé de ti viendo una peli. Se llama Dracula 3000, y sale Casper Van Dien. Pero es tan mala que ni la grabé para traértela". Ni que decir tiene que esa misma noche la puse a bajar como un loco.


"Que sea buena, que sea buena..."

Cuando uno ve una cubierta de película tan molona, uno podría esperarse algo nuevo, algo original, algo que dé miedo al menos. Pero no, sólo es un engaño bien urdido para que piquemos y la veamos.

En los primeros compases de la película, descubrimos al capitán Abraham Van Helsing presentando a la tripulación de la nave espacial de rescate "Madre III". Surcan el espacio para rescatar un carguero antiguo, reaparecido después de cincuenta años. El carguero se llama "Demeter". Primeros temblores como espectador. ¿Estaríamos asistiendo a un remake espacial de la novela de Bram Stoker? ¿O sería algún tipo de continuación de la historia clásica, en la que por algún tipo de azar cósmico se encuentran el descendiente del famoso cazavampiros y el vampir original, que gusta de viajar en vehículos que se llaman siempre igual?

Como puedes suponer, oh, lector, se trataba de la opción más cutre.

Resulta que el capitán Van Helsing es el tataranieto elevado a la décima potencia del cazavampiros de la leyenda original, y que Drácula, haciéndose llamar Conde Orlock (como en Nosferatu), está huyendo de su planeta, que está seco y sin vida de la que pueda chupar el vampiro. Tiemblo al escribir esto: La galaxia de la que viene la nave es la galaxia Cárpata, y el planeta se llama… sí, amiguitos, Transilvania. Y ya que coinciden estos dos personajes legendarios, pues se inicia la tan esperada venganza que todos esperamos. Concluyendo: si mi abuela (descanse en paz) viera esta película, y entendiera algo, diría que esto es juntar churras con merinas. Es que mi abuela siempre fue muy educada.

Aquí, el trailer de la película, que ya nos deja atisbar su calidad. El ambiente futurista del año 3000 tiene la siguiente pinta:



La nave carguero "Demeter" tiene hoces y martillos pintados en las paredes, y en una de las dependencias sale un póster de Lenin. Así que parece que el comunismo volverá un milenio de estos. Enseñad ruso a vuestros hijos, por si acaso.

Eso sí, no esperéis que el futuro del siglo XXX sea muy tecnológico, porque las sillas de ruedas serán más cutres que las actuales, y seguiremos con las mismas armas de fuego. Vale, está bien, muchas películas futuristas usan atrezzo convencional y queda creíble. Lo que quiero decir es que éste no es el caso.

En los diálogos queda claro que el catolicismo fue prohibido cincuenta años antes, por lo que los protagonistas confunden unos crucifijos de madera con el símbolo de sumar, y no saben quién es ese tal "Dios". Sin embargo, se pasan el rato diciendo cosas del estilo de "¡Dios mío!" o "¡Dios Santo!"

Por supuesto, para que la historia sea aún más inverosímil, otros personajes tienen algo que ver con la historia que generó esta situación de venganza y violencia: Está Arthur Holmwood, que aquí hace de profesor parapléjico y chiflado; y también tenemos a Mina Murray, que sólo coincide en el nombre con la amada de Drácula, y hace un papel bastante escasito.

He de decir que si aguantas la primera hora de película, puesto que todo es cutre, malo y absurdo, el último tramo de la película mejora considerablemente.

Uno espera, al ver que todo va de mal en peor, que la trama sea igualmente predecible y convencional. Tenemos a Abraham Van Helsing, brillantemente perpetrado por Casper Van Dien (¡Recios de Rico!, ¡A-hú!). Una tal Mina, pero que es más fea que una rubia maciza llamada Aurora que parece entenderse con el capitán, interpretada por Erika Eleniak. ¿Cómo? ¿Que no sabes quién es? ¿Tú no has tenido adolescencia? Ains…


¿Te suena ahora?

Y luego están el profesor histérico e indefenso, el negro fumeta chistoso (interpretado por Coolio, qué malo es el jodío), y el negro enorme y bobo (Tiny Lister, el presidente de El Quinto Elemento). Estos tres y Mina parecen la típica carne de cañón para aumentar la tensión antes del enfrentamiento final entre el bueno y el malo.

Y cuando aparece el malo, Drácula, el conde Orlock, vampir supremo, pues te entra un ataque de risa. Es el año 3000, pero este señor sigue llevando gomina, capa con cuello de punta y chorreras en las mangas. Penoso.

En este momento, cuando todo parece insalvable, ocurre un pequeño milagro: Drácula se cepilla a casi todos los personajes, ¡incluyendo al capitán Van Helsing! Los únicos que quedan vivos son el negro brutote y la neumática Aurora, que resulta ser un robot espía de una corporación estelar. Llegados a este punto, deciden mandar la nave a las cercanías de dos soles gemelos, para que el vampiro se tueste y muera por luz solaz (aunque hay que recordar que la nave no parece tener ni una sola ventanilla).

La escena final, impagable, es cuando el enorme Humvee y Aurora se encierran en una habitación, sabiéndose perdidos. Aquí os dejo la escena, porque contado pierde gracia:



Y se acaba. Sí, señores, se acaba. Mi esforzado compañero y yo mismo, quedamos durante unos minutos callados y con la mandíbula desencajada, sin dar crédito a lo que acabábamos de ver. Esta inacción estupefacta hizo que no apagásemos el televisor de inmediato, y permitió que pudiéramos disfrutar de la propina del final de los créditos.

Creo que ese momento es el único spoiler que no voy a hacer de esta película, pero sí os diré que casi merece la pena aguantarla entera sólo por esa propina. Casi.

Título original: Dracula 3000
Año de perpetración: 2004
Dirige: Darrell Roodt (Yesterday)
Protagonizan: Casper Van Dien (Starship Troopers, Tarzán y la ciudad perdida), Erika Eleniak (Los vigilantes de la playa, Alerta Máxima), Coolio (sí, ese que canta), Grant Swanby (Supernova, Tarzán y la ciudad perdida), Alexandra Kamp-Groeneveld (2001: Despega como puedas), Tommy "Tiny" Lister (Cosas que hacer en Denver cuando estés muerto, El Quinto Elemento).
Lo mejor: Giro final; de repente pasa de pretendido thriller a comedia descarada. Propina después de los créditos.
Lo puto peor: Ese Drácula con gomina espacial.
Calificación: Castaña pilonga.